En Hawai, la palabra Kahu significa “guardián”, “acompañante” o “protector”. Este término expresa una filosofía en la que la persona que convive con un animal no lo “posee”, sino que asume la responsabilidad de cuidar, proteger y acompañar a un ser vivo que depende de ella. Ser kahu implica compromiso, respeto y un vínculo duradero basado en el bienestar mutuo.
En España, en cambio, la realidad muestra una contradicción dolorosa: en 2024 se abandonaron más de 290.000 perros y gatos, una de las cifras más altas de los últimos años. Este volumen de abandonos revela que, en muchos casos, los animales de compañía no son tratados como seres que necesitan un guardián responsable, sino como bienes prescindibles cuando surgen incomodidades o cambios en la vida de sus dueños.
La diferencia, por tanto, no es sólo semántica: va al corazón de cómo se concibe la relación con esos seres. Mientras la idea de kahu transmite respeto, cariño y responsabilidad —una vida compartida—, en España el elevado abandono expone debilidades en la conciencia social, el compromiso personal y, en muchos casos, en la educación sobre lo que implica tener un animal de compañía.
Este contraste invita a reflexionar: quizá no basta con tener leyes o refugios —es necesario cultivar una mentalidad de guardián: de compañero, cuidador —como lo haría un kahu. 
A pesar de esta realidad, miles de animales encuentran una segunda oportunidad gracias a los refugios y protectoras, que sobreviven en gran parte por el esfuerzo y la dedicación de voluntari@s. Son ell@s quienes limpian, alimentan, socializan y acompañan a los animales día tras día, sosteniendo centros que suelen trabajar con recursos limitados y una alta demanda. 
Por ellos (los gatos sin hogar) y por ell@s (l@s volintari@s) decidí mostrar esta situación. A través de retratos de gatos abandonados, cuidados y puestos en adopción en la Asociación Marina Nieto (@asociaciónmarinanieto) espero reflejar una realidad que no debería existir y mostrar el contraste entre lo que debería ser la relación con un animal —un vínculo de kahu— y lo que demasiado a menudo termina siendo. 
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In Hawai‘i, the word kahu means “guardian,” “companion,” or “protector.” This term expresses a philosophy in which the person who lives with an animal does not “own” it, but rather assumes the responsibility of caring for, protecting, and accompanying a living being that depends on them. Being a kahu implies commitment, respect, and a lasting bond based on mutual well-being.
In Spain, however, reality shows a painful contradiction: in 2024 more than 290,000 dogs and cats were abandoned, one of the highest figures in recent years. This volume of abandonment reveals that, in many cases, companion animals are not treated as beings that need a responsible guardian, but as disposable possessions when inconveniences or life changes arise for their owners.
The difference, therefore, is not merely semantic: it goes to the heart of how the relationship with these beings is conceived. While the idea of kahu conveys respect, care, and responsibility — a shared life — in Spain the high rate of abandonment exposes weaknesses in social awareness, personal commitment, and, in many cases, in education about what it truly means to have a companion animal.
This contrast invites reflection: perhaps it is not enough to have laws or shelters — it is necessary to cultivate a guardian mindset: that of a companion and caregiver — as a kahu would be.
Despite this reality, thousands of animals find a second chance thanks to shelters and rescue organizations, which survive largely through the effort and dedication of volunteers. They are the ones who clean, feed, socialize, and accompany the animals day after day, sustaining centers that often operate with limited resources and high demand.
For them (the homeless cats) and for them (the volunteers), I decided to highlight this situation. Through portraits of abandoned cats, cared for and put up for adoption at the Asociación Marina Nieto (@asociaciónmarinanieto), I hope to reflect a reality that should not exist and to show the contrast between what the relationship with an animal should be — a kahu bond — and what it too often ends up being.

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